18/3/09

Espantame Panteón o sobre la inseguridad

La violencia y la inseguridad desatadas imperan en México desde antes de que yo naciera, en mi vida he escuchado miles de historias de atracos, he sido testigo de robos de autos y a casa-habitación, con mayor o menor resultado por parte de los cuerpos policíacos. Actualmente las señoras histéricas, que no tienen mejor tema de discusión que el asalto que sufrió Erika Buenfil o alguna otra estrellada en el TvNotas, pretenden hablarme muy seriamente de la inseguridad, de advertirme del peligro de internarme en la ciudad monstruo o de la necesidad de una mayor presencia policíaca. Hoy en respuesta a las elocuentes palabras de estas damas, he decidido contarles sobre mis experiencias en estas turbias aguas.


Mi primer asalto.


Recorría la ruta Ciudad Azteca a Moctezuma en una combi en algun punto entre el municipio de Ecatepec y la Ciudad de México. De pronto un par que iba platicando amenamente con el chófer de la combi se meten las manos en las bolsas de sus mugrosas chamarras (si, al parecer no lavaban seguido) y acto seguido, haciendo ademan de traer algo en los bolsillos, nos sugieren con mas de 80 decibeles y de manera no muy cortes, que nos despojáramos de algún dinero. Yo les di 20 pesos (siempre he estado jodido y ese día no era la excepción) y acto seguido, despues de recibir un jugoso botín de los demás pasajeros, procedieron a despedirse del chófer: "A ti te vamos a dejar por hoy, pero ya sabes que para la otra te va a ir peor"... Escuchando esto no pude evitar reír mas (siempre me río de nervios) pero esta vez de la falta de pudor de los individuos, como ya se bajaban solo me insultaron un poco mas.

Nota: para todas las chicas que se enojan con migo cuando peleamos, es en serio, cuando me pongo nervioso no me paro de reír, no me burlo de ustedes.


El hombre por el que no puedo evitar sentir lastima.

Caminaba por las calles aledañas al metro chilpancingo, medio embotado por algunas caguamas, cuando de pronto, bajo una lampara un sujeto me esperaba desafiante con un cutter de la peor calidad que seguro había comprado a 3 por $10 en algún vagón del metro. Acto seguido, y como diseñador acostumbrado a cortarme los dedos con unas navajas de acero alemán de gran precisión, procedo a soltar un carcajada, empujar su mano hacia atras y pasar de largo. Luego de despedirme de él, reflexione un poco sobre lo jodida que estaba la vida, pero se me hizo muy temerario hacerle algún comentario al respecto.

Nota: Un cutter no apuñala, corta. Cuando alguien que no sea un cirujano te ataque con un cutter, recuerda que va a tardar un rato para abrirte la ropa con un cutter, si es que no se rompe la hoja primero.

El guapo Ben


A escasa cuadra de mi departamento, en aquel tiempo ubicado en la agradable colonia Doctores, fui detenido e intimidado junto con dos de mis amigos (despues de un excelente concierto de surf en el zocalo y un tranquilo after en un tugurio del centro conocido como el gato...) por una decena de policías de la ciudad del peje (en ese tiempo cuando lo querían desaforar...). Ademas de insultados, amenazados y cateados (si, nos revisaron toditos, solo que tristemente solo nos alcanzo para una caguama por cabeza), uno de estos ilustres héroes, en su narcisismo nos explico que nuestro derecho a circular libremente había sido violentado por "nuestro aspecto pandroso" y que aprendiéramos a el, siempre con el cabello recortado, planchadito y bien rasuradito (decía esto mientras nos mostraba su reluciente papada).

Nota: no se engañen, cualquiera que decide dedicarse a ser policía es un subnormal. Ignorancia requerida.

La cerveza de la paz


Durante la tarde del barcamp, muchos de los compañeros no paraban de decirme lo peligrosa e insegura que era la ciudad de México, a lo que les daba razón, hay muchos asaltos y actos violentos todos los días. Con esto en mente, y ya de madrugada en el defectuoso (a esas horas en que los topos regresan a sus guaridas y las arañas a sus nidos...) compraba cerveza con un amigo en un oxxo sobre Santa Anita. Cuando de pronto se acerca un caballero, su pelo ya pintaba algunas canas, me dijo que si le regalaba un cigarro y le regale dos. Acto seguido, llamando al garzón del establecimiento, me invito una cerveza. Mientras la bebíamos y nos fumábamos nuestros respectivos cigarros, nos comenta agradecido: "ya sabes, nosotros solo asaltamos a los que tienen varo, nunca le hacemos nada a la gente que es banda". Nos terminamos la cerveza, subió a su auto con sus acompañantes y poniendo cartel de santa a todo volumen se alejo en la incierta madrugada.

Nota: Si hay Indio de lata.

Bien, mis querido lectores, esas han sido mis anécdotas acerca de la inseguridad y recuerden: los ojetes que se enriquecieron con el fobaproa les han robado mas dinero del que un asaltante les quitara en toda su vida y un militar los golpeara mas y les quitara sus centavos amparado por la "ley" (del talión) por solo exigir sus derechos.

Saludos.